Mal comportamiento

Por PRO. Denis Dau Karam

Eventualmente, cuando en un encuentro de fútbol un jugador es sustituido y este considera que no es acertada su salida del terreno de juego, realiza gestos y ademanes que no pasan inadvertidos para los aficionados y la prensa.

Esa postura de inconformidad del futbolista es una clara señal de una conducta incorrecta, y ese reproche es siempre hacia el entrenador.

El fútbol es un deporte colectivo y tiene reglas y normas universales que deben ser respetadas por cada uno de los integrantes de una plantilla en todas sus dimensiones.

El pensar de un futbolista que su técnico se equivocó al retirarlo del juego se da en miles de jornadas, y en ocasiones es habitual que el reemplazado tenga un reparo, bronca o un acaloramiento, pero que no es justificable.

A este mal ejemplo se suman los que al ser sustituidos al acercarse a la banca de suplentes lanzan objetos, camisetas o golpean las paredes en su enojo y amargura, lo que genera tempestades en el equipo y se convierte en malos ejemplos para la niñez.

Actualmente estas acciones agrias las llamamos conflictos, originados por situaciones en las que chocan motivos opuestos, inseguridad y dudas, y cuando son públicas consideramos por el bien de este insigne deporte que la FIFA –en sus campeonatos– y las 208 asociaciones-federaciones con sus torneos locales deben imponer sanciones: un mes sin sueldo y cuatro partidos de suspensión a estos jugadores malcriados.

“Cuando las faltas son en menor escala y no públicas, lo ético y aconsejable es que el deportista antes de que llegue a su profesor reflexione y conozca el criterio de sus compañeros. Si está seguro en su furor, debe entablar un cordial diálogo con su técnico y encontrar las vías de la armonía para que no se detengan los objetivos, sueños y ambiciones del conjunto.

En estas actitudes que hieren al fútbol no caben las hipótesis, solo la educación”. (O)